Playlists de la cuarentena: Father of all motherfuckers (2020), de Green Day

 

Al igual que el trío de jóvenes protagonistas de la novela Las ventajas de ser invisible, de Stephen Chbosky (bajo su propia dirección en el metraje homónimo), podría anotar montones de canciones y álbumes que fueron determinantes en mi adolescencia. Reconstruyo una escena prototípica de cuanto digo: salgo del aula de clase, bajo las escaleras, y en el camino hacia donde me he propuesto deambular me encuentro a mi amigo Kevin tocando su guitarra acústica y cantando ante una menuda audiencia, entre la que se encuentran amigos mutuos y otros rostros que apenas conozco de vista. De inmediato, advierto que la canción que Kevin lanza como hechizo viene sonando con persistencia en la radio: When I come around, incluida en el álbum Dookie (1994), con el que la banda punk norteamericana Green Day finalmente figura en los rankings mundiales. Por eso, escuchar Father of all motherfuckers  en días de encierro por Covid-19 en una Venezuela distópica (apagones, hiperinflación, cortes del suministro de agua, y escasez de gas y gasolina, provocados por la dictadura)  no sólo me pone al día con una banda a la que he seguido por más de veinticinco años, sino que me lleva a reencontrarme con personas, lugares, y momentos preciados al adulto que hoy soy, como aquellos compinches y el liceo Julio Morales Lara, en El Limón, estado Aragua, en el que estudié mi bachillerato antes de culminar el primer lustro de los 90.

            Father of all motherfuckers, el decimotercer álbum de estudio de Green Day, fue lanzado el 7 de febrero de este 2020. Vino precedido, primero, por el también álbum de estudio Revolution radio (2016), que se hizo espacio en las carteleras con temas como Ordinary world, Still breathing, y Bang bang; y, luego, por uno de los usuales discos compilatorios con los que las bandas dan media vuelta para echar un vistazo a los logros alcanzados en el camino. Este es el caso concreto de God’s favorite band (2017), que recogía piezas clásicas de los álbumes Kerplunk! (1991), Dookie (1994), Insomniac (1995), Nimrod (1997), Warning (2000), American idiot (2004), 21st century breakdown (2009), ¡Uno! (2012) y Radio revolution (2016).  Para cerrar con un plus imponderable para sus fans, este álbum incluía el tema inédito Back in the USA.

            Sucedió que a los pocos minutos de empezar a escuchar este nuevo álbum me resultó equiparable con Warning, esto en razón de notorias marcas genéricas pop y, sobre todo, la vocación más comercial de ambos. Casualmente, me crucé en esos días con una entrevista concedida por Billy Joe, vocalista y guitarrista de la banda, en la que manifestaba su anhelo por grabar nuevamente aquel álbum de estudio de hace veinte años. De manera que no parece temerario pensar que este deseo se deja colar en las composiciones del reciente material discográfico. Así que aunque identifiquemos en la portada de Father of all motherfuckers una mano sujetando la mitad de una granada, lo que, lejos de cualquier duda, nos hace pensar que estamos ante una segunda entrega de American idiot, este nuevo álbum se distancia, por mucho, de cualquier diatriba política, en contraste con el álbum de 2004, que en plena administración de George W. Bush embestía contra el norteamericano promedio, los mass media, y denunciaba las consecuencias de la Guerra de Irak, tal como lo expresaba el videoclip de la canción Wake me up when september ends.  De hecho, Billy Joe había enfatizado que este nuevo disco nada tendría que ver con Donald Trump y su gestión en la Casa Blanca.

            Si bien el exitoso filme de Todd Philips Joker sí mira al gobierno de Trump, al ser informado subterráneamente por la administración de Ronald Reagan (recordemos el segmento en el que nos muestran dos filmes estrenados en 1981[1]), promotor primigenio del “Make America great again”, el terreno común con el nuevo álbum de Green Day es la música del cantante Gary Glitter. Mientras Joker la usa de soundtrack para el simbólico descenso de este personaje a los predios nebulosos del inconsciente, en el popular segmento de las escalinatas, Green Day aprovecha parte de su música en la canción Oh yeah! Este intertexto no ha dejado de provocar polémica en ambos casos, dado que Glitter se encuentra en prisión bajo los reiterados cargos de violación y pornografía infantil.

            A mi criterio, puede concederse que Father of all motherfuckers es un buen álbum, no un gran álbum, nunca el mejor de la banda, sino uno que sabe resolver diversos ritmos para crear canciones para pasarla bien, que, entre otros, incluyen el rock and roll, como en Stab you in the heart; glam rock, como en Oh yeah!; sonidos que recuerdan el surf rock de The Beach Boys, como en Graffitia; y garage punk, como en Fire, ready, aim, canción que vuelve a traer a colación la ocasional similitud con la banda The Hives, tal como se había hecho notar entre la canción Main offender, de esta banda, y Horseshoes and handgrenades, de Green Day.

Escribo esta recensión días después de que una explosión causada por nitrato de amonio acabara con parte de la ciudad de Beirut y dejara cientos de muertos, lo que se suma a la seguidilla de eventos que han hecho de este 2020 el año más catastrófico del que tenga memoria. No recuerdo dónde exactamente fue que leí que el cabello al estilo mohicano de los punketos tiene su razón de ser en la forma en que nuestro cabello quedará luego de que estallen las bombas atómicas que nos empujarán a la extinción. No estoy convencido de que Father of all motherfuckers nos prepare para tal escenario. Quizá Dookie, cuya portada justamente exhibe la ilustración de un estallido nuclear, gestione mejor esta función. De lo que sí puedo dar fe es de la casi media hora de entretenimiento que prodiga para aligerar el tedio del encierro.



[1] En semejanza con Thomas Wayne, Ronald Reagan sufrió un atentado en 1981 por un sujeto que reconoció querer emular a Travis, personaje nuclear del filme Taxi driver, de Martin Scorsese, uno de los intertextos sobre los que se edifica Joker.

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