Playlists de la cuarentena: Plasticine figures (2020), de Thom Yorke

 

De espaldas a la luz rojiza del atardecer que se filtra lánguidamente por la ventana, Robert Neville (Will Smith) presiona play en su equipo compacto y de inmediato la habitación se inunda del sonido de Three Little birds, una de las canciones canónicas de Bob Marley. Al ritmo de ella, Neville frota jabón sobre el pelaje de su perrita Sam, su única acompañante en la devastada ciudad de New York, y se anima a cantar juguetón: “Don’t worry about a thing/ Cause every little thing is gonna be all right/Rise up this mornin’/ Smile with the risin’ sun”.  Pero la repentina alarma de su reloj de pulsera lo sustrae del momento de felicidad y le hace recordar algo pavoroso a lo que el público no tiene acceso. Sin demoras, él sella todas las entradas de su casa antes de que anochezca y, junto a Sam, se mete armado dentro de una bañera a esperar a que despunte el nuevo día. Un ángulo cenital lo muestra con una temerosa y frágil posición fetal que contrasta con el momento inicial. La razón es que en las calles de la otrora metrópolis pululan muertos vivientes (la novela homónima de Richard Matheson Soy leyenda habla sin ambigüedad de vampiros) resultantes de una pandemia que infectó a la mayor parte de la población del globo. Propongamos, entonces, que la canción Three Little birds funciona en esta adaptación del director Francis Lawrence como un antídoto contra la atroz realidad que sufre Neville.

            Apartando la cuestión zombi, o vampírica, conozco, en cierta medida, la absoluta soledad que padece Neville. La experimenté cuando debí abandonar mi ciudad natal, Maracay, ubicada en la región central de Venezuela, para irme a trabajar a la Sede del Litoral de la Universidad Simón Bolívar, en el estado Vargas, específicamente en Camurí Grande, a unos 175, 4 km de distancia, y me tocó vivir en un edificio del poblado de Naiguatá que servía de lugar de esparcimiento de fin de semana y periodos vacacionales, por lo que pasaba días enteros sin toparme con un alma, salvo el personal de vigilancia. El ojo agudo del fotógrafo estadounidense Seph Lawless ha registrado cómo estas infraestructuras solitarias o abandonadas se impregnan de una atmósfera de enrarecimiento, así que, de algún modo, mi experiencia se puede describir como un encuentro con lo fantasmal.   En cuanto a la música que me acompañó por entonces, no perduran en mi memoria canciones para elevar el ánimo, como Three Little birds, sino dos álbumes con nítidas intenciones melancólicas: Automatic for the people, de REM, y Ok computer, de Radiohead.  Dice el crítico musical Dai Griffiths que el “daño” de Radiohead lo hace Thom Yorke, cuya voz podemos describir pensando en la autopercepción del príncipe Hamlet hacia el final del acto dos: es proclive a la melancolía. Adicional a esto, a mi juicio, Yorke estimula la contemplación e introspección que derivan de un tiempo distinto a la aceleración de una sociedad dominada por un imperativo de hiperconsumo y máximo rendimiento de los cuerpos que produce la fragmentación de la experiencia y, por tanto, vidas vaciadas de sentido, tal como lo formula el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en su breve ensayo El aroma del tiempo.

Días atrás, leí un comentario de un usuario de Youtube que involuntariamente tiene el efecto de un chiste en el más riguroso sentido freudiano del término, esto es, un chiste que encubre una verdad palmaria: alguien le pregunta a Thom Yorke qué tan severa le ha parecido la cuarentena y él responde que de cuál cuarentena habla. Para nuestra fortuna en estos días de eterno confinamiento, Yorke acaba de lanzar la canción Plasticine figures en el programa The Tonight Show desde casa, una serie de transmisiones especiales que ha estado conduciendo el carismático presentador Jimmy Fallon para mitigar la existencia entre cuatro paredes. Por lo pronto, no se sabe con certeza si la pieza tendrá cabida dentro de un próximo álbum o si simplemente quedará suelta como un single.

Plasticine figures arriba tras una intensa labor creativa de Yorke, quien en los últimos tres años ha participado en los soundtracks de Suspiria, un remake a cargo del director italiano Luca Guadagnino, y del noir Motherless Brooklyn, de Edward Norton, en cuyo tema principal, Daily battles, también participó el Red Hot Chili Peppers Flea, acompañando a Yorke  con el bajo y la trompeta, lo que constituye una nueva colaboración entre ambos tras el proyecto Atoms for peace. A mediados del 2019, por otro lado, Yorke lanzó su tercer álbum en solitario, Anima, el cual contó con el apoyo de un cortometraje dirigido por el reconocido cineasta Paul Thomas Anderson (Boogie nights, Magnolia, Petróleo sangriento, El hilo fantasma) y entró en el circuito de obras visuales vía Netflix.

Uno presupone que el chiste anotado arriba enfatiza la habitual melancolía de fondo y forma del grueso de las composiciones de Yorke. Sin embargo, aún en el examen menos exhaustivo, se revela que Plasticine figures no es clasificable dentro del mismo catálogo de canciones como Fake plastic tree, Exit music (for a film), True love waits, I promise, o Daily battles, más bien la sensibilidad de bagatella romántica de su piano y lo sombrío de su letra la hacen aunable a las composiciones del soundtrack del filme de genealogía gótica Suspiria, a tal punto que, con tino, algunos críticos la consideran de una belleza inquietante.

El filósofo francés Michel Onfray afirma que el romanticismo se cierne sobre aquel que experimenta la desmesura del paisaje del Polo Norte, y en un ensayo posterior a este aserto, Cosmos, escribe que lo sublime se manifiesta cuando conocemos una verdad revelada por un evento natural o cultural de enorme potencia. Plasticine figures sale a la luz en días en los que precisamente la fragilidad de la condición humana se hace patente a causa del COVID-19. En esta línea, mi inclinación por las metáforas conceptuales me hace notar que el eje dominante de esta nueva pieza musical es la metáfora orientacional ABAJO (y por implicación arriba). En una palabra, al igual que muchas otras canciones, entre ellas Let down, High and dry, Just (sobre todo el video), Creep, y Subterranean homesick alien, la disposición espacial hacia abajo, a fin de marcar un estado de ánimo o físico pésimo, o simplemente desfavorable, es medular en Plastic figures, como lo sugiere el verso: “we all bow down”.

Plasticine figures puede considerarse, con sobrada razón, la contraparte del ánimo festivo que emana de la versión All-Star del clásico Times like these, que recientemente trasmitieron  los Foo Fighters y compañía  (Chris Martin, Dua Lipa, Ellie Goulding, y Biffy Clyro, entre otros) desde sus respectivos hogares. Con todo, insistiré, quizá abusando de la experiencia personal, que una canción como ésta que Yorke nos trae hoy nos ofrece una dosis de introspección necesaria, con lo que ponemos en práctica la sapiencia atrapada en estas líneas del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry en Tierra de los hombres: “El mundo, en el orden en que vivimos, no se puede descubrir si no nos encerramos en nosotros mismos”.

 


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